El juego de decidir tu vida: especial Leos Carax en Cineclub El Muro

EL JUEGO DE DECIDIR TU VIDA: LEOS CARAX

Hablar de Leos Carax es hablar de un cineasta que convirtió la intensidad en una forma de pensamiento. En sus películas, nada parece estar puesto para tranquilizar al espectador: el amor arde, los cuerpos se desgastan, la ciudad respira como si también sufriera, y cada decisión parece empujar a los personajes hacia una zona más incierta de sí mismos. Carax no filma vidas ordenadas ni destinos lineales; filma impulsos, fracturas, pasiones y accidentes del alma. Por eso su cine sigue siendo tan perturbador y tan vivo: porque entiende que existir no es avanzar con seguridad, sino elegir a ciegas, improvisar, poner en juego el deseo incluso cuando no sabemos exactamente a dónde nos lleva.

Desde muy temprano, Carax construyó una obra profundamente personal, pero también atravesada por la historia del cine. Hay en sus imágenes ecos del romanticismo, del cine negro, de la nouvelle vague, del melodrama y de la poesía urbana, pero nada en él suena a repetición o cita vacía. Todo es apropiado y transformado por una sensibilidad singular, donde lo clásico y lo moderno se chocan, se contaminan y producen una energía propia. Sus personajes aman como si estuvieran al borde de una caída; corren, huyen, se abrazan, se destruyen y se reinventan en un mundo donde la identidad nunca está del todo fija. En ese sentido, el cine de Carax parece recordarnos que vivir también es inventarse, incluso cuando esa invención duele.

Este miniciclo reúne tres películas esenciales para entrar en su universo: Mala sangre, Los amantes del Pont-Neuf y Pola X. Las tres son obras distintas, pero están unidas por una misma pulsación: la de personajes que no encuentran un lugar estable en el mundo y que, sin embargo, siguen apostando por el amor, la experiencia, la libertad o la deriva. En Mala sangre, la juventud aparece como una descarga eléctrica, como una intensidad que no sabe todavía si se dirige hacia el crimen, la ternura o la pérdida. En Los amantes del Pont-Neuf, esa intensidad se vuelve ruina y fulgor al mismo tiempo, en una historia de amor callejera, desbordada y profundamente física. En Pola X, la identidad misma se rasga y el deseo entra en una zona más oscura, más incómoda, más radical.

Pero más allá de sus argumentos, lo que hace inolvidable el cine de Carax es su manera de filmar los cuerpos y los espacios. París, en sus películas, no es un decorado sino una extensión del estado emocional de sus personajes: una ciudad vibrante, nocturna, rota, teatral, donde el amor puede ser una promesa o una catástrofe. Carax filma el movimiento con una libertad infrecuente, como si la cámara también estuviera buscando su lugar en medio de la conmoción. Y en ese gesto hay algo profundamente humano: la intuición de que la vida no está hecha de certezas, sino de elecciones frágiles, impulsivas, a veces equivocadas, pero irreductiblemente nuestras.

Este ciclo es una invitación a entrar en una obra ferozmente libre, donde cada película parece decirnos que decidir la propia vida no significa controlarla, sino atreverse a habitarla hasta el final. En el cine de Leos Carax, vivir es arriesgarse a sentir demasiado. Y justamente por eso, sigue siendo uno de los cineastas más intensos, más románticos y más necesarios del cine contemporáneo.

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